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utopías (im)posibles

Publicado por - 02/08/2016

Licencia

Leyendo la editorial de noviembre de la revista Pasajes ARQUITECTURA, Diseño e Innovación, escrita por José Ballesteros, encontramos una particular reflexión sobre la función y eficacia de la Administración, del proyecto y  del arquitecto en nuestro sector, que lleva como título LA TASA.

Entiendo que la labor administrativa tiene un aspecto positivo: nos salvaguarda de actos irreflexivos y perjudiciales. Y en una sociedad de oportunistas y aprovechados como la nuestra, ello supone efectivamente una autodefensa y evita, aunque no siempre, que se lleven a cabo actuaciones, al menos, ilegales. Pero esto no debería ahogar otros cometidos no menos importantes. Imaginemos una administración que no fuera un simple filtro para los proyectos:

En ese mundo las licencias de obra no se “concederían”, se solicitarían ávidamente, porque en la revisión de tu trabajo se encontrarían posibles errores, e inconvenientes o incompatibilidades con la normativa. Personas especialistas en ello trabajarían ayudándote a mejorar tu trabajo, probablemente también arquitectos. […] Sería casi como un sello de calidad que garantizaría un cierto nivel de seguridad en el diseño y la ejecución. Lo que se pagaría por tanto no sería una “tasa” de finalidad inexplicable y cuantía fijada por órdenes administrativos, sino más bien los servicios de un equipo profesional que se comprometería con su trabajo, responsabilizándose de que se haría bien. […]. En ese mundo las gestiones urbanísticas y de control del proyecto no son una preocupación para la profesión, sino una ayuda. […]

Efectivamente, debería desaparecer esa imagen estereotipada de la Administración como un escollo que hay que salvar y pagar para tramitar una licencia, y convertirla en un servicio que aplique la ingente normativa municipal, autonómica y nacional de una forma coherente y acorde a cada proyecto.

Revista Pasajes 1

Pasajes ARQUITECTURA

En un mundo ideal, la Inspección Técnica de Edificios (I.T.E.) serviría entre otras cosas para obtener datos de esos edificios. Datos comparados de su coste de mantenimiento, pudiendo aportar una asesoría acerca de cómo rebajarlos ayudados por la experiencia de otros ejemplos similares. Datos, comparados también, de su coste energético, con sugerencias prácticas de transición a energías alternativas suplementarias, que poco a poco se irían convirtiendo en las principales. Ya sé que pensaréis que para eso existe la Certificación de Eficiencia Energética (CEE) que viene a ser otra tasa, añadir papeles sobre papeles, sin que ninguno sea seriamente una operación útil.

Claro que en este mundo los dirigentes no sólo se preocuparían de practicar la documentación útil sino que consecuentemente favorecerían el uso de esas energías no contaminantes, ayudando con los costes de instalación y promocionando y facilitando la fabricación de sus componentes. A nadie podría pasársele por la cabeza penalizar con tasas y sobretarifas al que usara los paneles solares, o cualquier otro modo alternativo de obtención de energía,… ¿o sí?

Igualmente ocurre con la imagen que tiene la sociedad del arquitecto. En estos últimos años ha venido deteriorándose de tal modo que incluso a nivel gubernamental se está obviando su particular formación, igualando profesiones que históricamente han diferenciado sus competencias claramente.

¿Cuántas veces hemos oído a nuestros clientes comentarios sobre la fatalidad necesaria de un proyecto de arquitectura? ¿Cuántos de nuestros clientes contratarían un aparejador o un ingeniero más barato, …si pudieran? Sólo si pudieran. Si no están claras nuestras atribuciones es porque hemos perdido competencia profesional y sobre todo necesidad social, y también porque otros la van ganando poco a poco. Pero no debemos ser una tasa. Nos irá mal. […] En este mundo ideal, por el que tenemos que trabajar, las tasas serán cosa del pasado, se prestarán servicios y se pagará por ello lo que sea justo, sin documentos inútiles. Los arquitectos tendremos que responder con investigación seria, con respuestas a la flexibilidad programática que esa sociedad ya está demandando y su influencia en la forma y los procesos constructivos…

No tengo muy claro que en chino crisis signifique oportunidad, como aseguran muchos con el fin de motivar y animar en situaciones críticas, pero sí es cierto que una crisis se produce porque algo no funciona, y es necesario realizar algún cambio para reconducir esos elementos disonantes que entorpecen o fallan, y consecuentemente se debería transformar en una oportunidad para solventar los desajustes. Esto puede realizarse a nivel personal, pero lo deseable sería considerarlo social e institucionalmente, … harto difícil.

Fuentes:
Editorial de Revista Pasajes ARQUITECTURA. Diseño e innovación (nº 130, Noviembre 2013). José Ballesteros.


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