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los no lugares

Publicado por - 20/06/2017

Marc Augé - Los no lugaresTodos hemos estado en lugares en los que necesitamos esperar, en los que debemos permanecer durante un tiempo, donde se borran las nociones de identidad y pertenencia, donde el tiempo se convierte en máximo referente. El antropólogo francés Marc Augé los definió en su libro LOS NO LUGARES. Espacios del anonimato (una antropología de la sobremodernidad) como “espacios propiamente contemporáneos de confluencia anónimos, donde personas en tránsito deben instalarse durante algún tiempo de espera, sea a la salida del avión, del tren o del metro que ha de llegar. Apenas permiten un furtivo cruce de miradas entre personas que nunca más se encontrarán.”. 

Aeropuerto Sevilla

Aeropuerto de Sevilla

Marc Augé utilizó la definición de NO LUGARES para definir aquellos lugares de transitoriedad que convierten a los ciudadanos en meros elementos de conjuntos que se forman y deshacen al azar y son simbólicos de la condición humana actual y más aún del futuro. El usuario mantiene con estos no lugares una relación contractual establecida por el billete de tren o de avión, o su expediente médico, y no tiene en ellos más personalidad que la documentada por su número de identificación. Espacios que no pueden definirse ni como espacios de identidad ni como relacionales ni como históricos, frente a los lugares, que sí pueden definirse como lugares de identidad, de relación e históricos.

A diferencia del “no lugar”, el concepto de “lugar” expresa la identidad y la unión del grupo. Es la búsqueda de una imagen que sea útil para sentirse protegido, por ejemplo, la vivienda, la plaza o el lugar de culto; espacios que las personas se apropian e identifican y además, sienten poseer cierto grado de pertenencia. Para Augé, los lugares son espacios antiguos, agradables y sociales; y, por el contrario, los no lugares son nuevos, anónimos y fríos, donde es imposible reconocer ningún tipo de identidad, historia o relación con su contexto más cercano..

El espacio del viajero, es el arquetipo del “no lugar” pues los individuos que los usan, deben valerse casi exclusivamente de lo informativo (señales de dirección, paneles de información…). Otra característica es que su uso no implica comunicarse, uno en silencio puede arreglárselas por sí mismo (podemos imaginar también un supermercado: uno circula solo, mira, elige,  paga y sale) e incluso puede comunicarse sólo con una máquina. Al caminar por estos lugares notamos como las personas no se miran, o se miran sin disimulo conscientes de la fugacidad del momento, sentadas o caminando hacia su objetivo.

Llegando

Julio Cortázar jugó en más de una ocasión con estos espacios de tránsito. En su relato La Autopista del Sur, partiendo de un gran atasco en la autopista (de tales dimensiones que los viajeros deben permanecer detenidos durante varias horas), dibuja una especie de ciudad pasajera, en la que los automóviles son las viviendas y el asfalto libre entre ellos, las calles.

También en Los Autonautas de la Cosmopista, Cortázar y Carol Dunlop emprenden un viaje (lo que en el cine llamaríamos road-movie) por la autopista que une Marsella con París, escribiendo un diario donde registran todas sus experiencias a través de esas áreas de servicio que no son más que lugares de tránsito, que se habitan temporalmente.

julio-cortazar-los-autonautas-de-la-cosmopista

los autonautas de la cosmopista

“Los grandes paraderos con una estación de servicio, una tienda y casi siempre un restaurante, ven nacer cada noche una pequeña ciudad efímera, cambiante, que sólo existirá una vez para ser sustituida por otra similar pero diferente al otro día. De pronto la ciudad está completa, y es la ciudad más internacional del mundo, con casas búlgaras, francesas, alemanas, españolas, griegas, belgas, casas profundas con inscripciones o grandes telas bajo las cuales se guarece el misterio; casas de muchas piezas, con cocinas, baños, televisión, luces; casas donde habita una pareja o un hombre o una mujer solos, a veces perros, a veces niños, y siempre hornillos de butagás, botellas de vino y cerveza, perfumes de sopa o de papas fritas.”

De este modo, ambos convierten la autopista y sus áreas de servicio o paraderos en lo que ellos mismos llaman “no man’s land”, una tierra de nadie, espacios en los que van creando breves y efímeras existencias que cambian una y otra vez…


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