browser icon
You are using an insecure version of your web browser. Please update your browser!
Using an outdated browser makes your computer unsafe. For a safer, faster, more enjoyable user experience, please update your browser today or try a newer browser.
«
»

buenas acciones en la obra (…y 2)

Publicado por - 08/01/2016


“Lo que tienes más cerca para cambiar el mundo es a ti mismo…”

Con esta frase paradigmática finalizaba el programa Salvados del pasado 10 de junio, titulado Reiniciando España. Todos debemos tomar conciencia de que nuestro trabajo y las acciones que llevamos a cabo diariamente, por pequeñas que sean, pueden ser determinantes. Y no podemos exigir grandes transformaciones, si nosotros no estamos dispuestos también a actuar en ese sentido.

Acercándonos a nuestra materia, y continuando con una entrada anterior, buenas acciones en la obra (1…), nuestro trabajo diario en la obra es perfectamente compatible con el cuidado medioambiental,  a sabiendas de que, además, nos reporta beneficio económico en tanto en cuanto, evita costes en el proceso. Toda persona que, de un modo u otro, interviene en el proceso constructivo puede (y debe) contribuir con su labor y su forma de trabajar a un desarrollo sostenible de la obra, a reducir la cantidad de residuos que posteriormente tendrán que gestionarse en la obra y a reducir también, en la medida de lo posible, tanto el consumo energético como el gasto en material y herramientas.

En esta segunda entrada me propongo dar un repaso a acciones concretas y sencillas que deberíamos tener en cuenta durante la ejecución de nuestra obra. Estamos demasiado acostumbrados a encontrarnos en las obras suciedad, desorden y desperdicio continuo de material por dejadez o simplemente por indiferencia, tanto de los operarios como del propio jefe de obra.

Se me ocurren tres principios fundamentales que deberían regir nuestro comportamiento en la obra: responsabilidad, sentido común y organización.

A. RESPONSABILIDAD

Siendo un valor que está en la conciencia de cada persona, que nos permite reflexionar, administrar, orientar y valorar las consecuencias de nuestros actos, es fundamental ser conscientes de que cada tarea debe realizarse con la máxima responsabilidad y seriedad posible, ya que cualquier negligencia, por insignificante que parezca, es perjudicial para el conjunto de la obra.

Podrían enumerarse infinidad de “buenas acciones”, a simple vista poco importantes, pero que forman la base principal de un ahorro importante y un correcto desarrollo:

1. Hacer un buen uso de los materiales y evitar que se conviertan en residuos: fomentar la reutilización y el reciclaje e intentar limitar el hábito de “usar y tirar”, cada vez más común.

2. Todos los agentes tienen que tener una formación básica en materia de medioambiente, además de conocer y aplicar el plan de gestión de residuos de la obra, debiendo fomentar, en primer lugar, la reducción de residuos y, para los ya generados, promover la reutilización y reciclado.

3. Respetar el tipo de separación selectiva previsto para la obra en curso, ubicando cada residuo en el contenedor que le corresponda, atendiendo a las señalizaciones de admisión de cada uno de ellos.

4. Si antes de iniciar un trabajo observamos que quedan residuos de oficios anteriores, debemos ponerlo en conocimiento del encargado de obra, con el fin de exigir la limpieza por parte de quienes hayan omitido su deber de limpieza y recogida de residuos.

5. Conservar y mantener las herramientas y los medios auxiliares en perfecto estado, realizando revisiones periódicas, y limpiándolas inmediatamente después de su uso para alargar su vida útil.

6. Preparar las cantidades necesarias de material (mortero, etc.) según el trabajo a realizar en cada momento (tener en cuenta el tiempo de fraguado, etc.).

7. En caso de producirse un vertido accidental de líquidos peligrosos, avisar al jefe de obra para que tome las medidas de corrección oportunas.

8. Se deben tener siempre en cuenta las recomendaciones del fabricante.

9. Colocar correctamente los aparatos para garantizar el buen funcionamiento de cada instalación.

y 10. Respetar los horarios de trabajo establecidos por el municipio en el que se encuentra la obra.

B. SENTIDO COMÚN

Esta facultad que poseemos para juzgar razonablemente las cosas, valorando qué es lo más conveniente en cada acción, debe servirnos a todos para actuar correctamente en la obra. Quizá la clave simplemente esté en concienciar de que el trabajo de cada uno de los intervinientes es tan importante como cualquier otro, y que simplemente con un poco de interés y sentido común se consiguen grandes cosas.

1. Aprovechar al máximo el agua utilizada para la limpieza de las herramientas y del equipo de obra. El objetivo no es escatimar sino promover un consumo responsable de este recurso. Cerrar el paso de agua inmediatamente después de su uso. Utilizar mangueras con llave de paso a la entrada y a la salida para facilitar el cierre y reducir las pérdidas o goteos.

2. Tener la maquinaria y los vehículos sólo el tiempo imprescindible en funcionamiento (apagar el motor en tiempos de espera). Realizar en taller las operaciones de mantenimiento de la flota de vehículos y maquinaria, y en caso contrario impermeabilizar la superficie de trabajo (con plásticos, lonas, etc.) para impedir la contaminación del suelo.

3. Conservar y mantener las herramientas y los medios auxiliares en perfecto estado, realizando revisiones periódicas, y limpiándolas inmediatamente después de su uso para alargar su vida útil.

4. Evitar el vertido en el suelo de las aguas de limpieza que contienen grasas y detergentes.

5. Comprobar que al final de la jornada la zona de tajo queda limpia y ordenada. Mantener siempre ordenada la zona de recepción y acopio de materiales. Regar periódicamente las zonas de paso de vehículos, poniendo especial atención en los puntos de acceso a las obras situadas en entorno urbano.

6. Hacer un buen uso de los materiales y evitar que se conviertan en residuos: fomentar la reutilización y el reciclaje e intentar limitar el hábito de “usar y tirar”, cada vez más común. Reutilizar, siempre que sea viable, material procedente de escombros y de derribos (tejas recuperadas, etc.).

7. Replantear siempre la superficies a realizar para reducir el número de cortes de los ladrillos y de las piezas cerámicas.

8. Realizar los trabajos de corte con precisión para favorecer el uso de ambas partes de las piezas y reducir la generación de residuos.

9. Ventilar los lugares de trabajo para evitar la concentración de polvo y las posibles emisiones de fibras, gases, etc., nocivas para la salud. Aprovechar la luz natural y evitar la iluminación artificial innecesaria.

y 10. Durante la ejecución, de forma paralela al proceso constructivo, también se realizan trabajos de oficina a pie de obra que, en mayor o menor grado, pueden tener una incidencia medioambiental y económica en cuanto a ahorro en instalación eléctrica, de aire acondicionado, equipamiento informático…

C. ORGANIZACIÓN

A lo largo del proceso constructivo, en el día a día de la obra, se pueden dar situaciones que, por mala planificación, descuidos, errores, etc. dificulten una adecuada gestión medioambiental. Una buena organización sólo existe cuando hay personas capaces de comunicarse y que están dispuestas a actuar conjuntamente para obtener un objetivo común, disponiendo y coordinando los recursos disponibles (materiales, humanos y económicos).

1. Cumplir el planning temporal de la obra.

2. La cooperación entre las distintas personas que trabajan en una obra y las subcontratas que intervienen es esencial. Quien más y mejor podrá ayudar en este sentido es, sin duda, el Jefe de Obra, y será éste quien se asegure de que todos los intervinientes de la obra conozcan sus obligaciones en obra. También tendrá que transmitir las órdenes de la Dirección de Obra.

3. Dar preferencia a aquellos proveedores que ofrezcan garantías tanto en su trabajo como en el cumplimiento de los plazos acordados.

4. Conocer los recursos que requiere cada oficio.

5. Prever la contratación de los contadores de obra antes del inicio de la misma para evitar el uso de grupos electrógenos (producen ruido y emiten gases nocivos).

6. Respetar los horarios de trabajo establecidos por el municipio en el que se encuentra la obra.

7. Una compra correcta, es decir, ajustada a las mediciones (revisadas atendiendo a la experiencia) y sin excedentes, es la mejor opción para optimizar la cantidad de material que llega a la obra y evitar que terminen convirtiéndose en residuo como consecuencia del “no uso” o de “almacenes” saturados.

8. Antes de realizar el trabajo, hay que estimar las cantidades de materiales necesarios, evitando llevar al tajo más de los necesarios, ya que supone gasto extra de tiempo y máquinas para transportarlos, y evitamos excedentes que pueden convertirse en residuos.

9. Planificar los desplazamientos para reducir el impacto asociado al transporte.

y 10. El recinto debe estar dotado de espacios para la gestión de los residuos asimilables a urbanos, conjuntamente con los contenedores específicos para residuos de la obra.

En definitiva, existen muchos “manuales de buenas prácticas” en los que se puede consultar de una forma más desarrollada todas estas “buenas acciones” y muchas más, y que deberían ser de lectura obligada para todos los participantes en una obra.

Especialmente recomiendo un pequeño documento redactado en 1962 por Rafael del Pino, fundador de Ferrovial, impecablemente prologado por Alberto Artero (S. McCoy) en Cotizalia, titulado MANUAL CONTRA EL DESPILFARRO.

Entrada relacionada:
BUENAS ACCIONES EN LA OBRA  (1…)

Fuentes:
La Gestión Medioambiental en las Obras de Construcción. (Francisco Javier Valverde Orenes)
Buenas Prácticas Ambientales en las Obras de Construcción para el Jefe de Obra
Buenas Prácticas Ambientales en las Obras de Construcción para el Operario



«
»

Deja un comentario