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buenas acciones en la obra (1…)

Publicado por - 10/07/2014

El sector de la construcción mantiene una relación muy estrecha con el medio ambiente, que presenta una doble vertiente: Por una parte, la relación es positiva, ya que la industria de la construcción crea edificaciones e infraestructuras que contribuyen a mejorar el desarrollo social y económico de los países o pueden proporcionar los medios físicos para mejorar o proteger el medio ambiente. Por otra parte, la relación es negativa ya que supone un importante consumo de recursos, muchos de los cuales son no renovables, genera una gran cantidad de residuos y es una fuente de contaminación del aire y el agua.

Debido a la gran cantidad de aspectos medioambientales que pueden entrar en juego en una obra de construcción, se hace necesario fijar una serie de objetivos previos cuyo cumplimiento podamos ir verificando a lo largo de todo el proceso: desde la redacción del proyecto inicial hasta el uso previsto del edificio, así como las tareas de mantenimiento y conservación de la obra proyectada. De entre todos los criterios que nos permiten fijar los referidos objetivos, nos podemos centrar en los siguientes:

• Terreno y entorno (dónde se va a construir y afecciones durante la obra y la vida útil del edificio).
• Materiales (elección y elaboración, residuos generados, posibilidad de reutilización y reciclado).
• Agua (uso y vertidos).
• Energía (fuentes y consumo durante la elaboración, el transporte y la construcción).
• Clima.

No se trata de llevar al máximo extremo cada uno de los criterios arriba indicados, sino de fijar unos objetivos que nos permitan diseñar y construir un edificio con el grado de ecosostenibilidad que nos hayamos marcado.

En estas dos entradas, vamos a centrarnos en las actuaciones y medidas que podemos y debemos tomar durante la ejecución de las obras. Para ello, todos los agentes implicados en el proceso deben tomar conciencia de que nuevos criterios y tecnologías son viables a nivel económico y práctico y que su aplicación puede contribuir significativamente a la reducción de consumos de los recursos ambientales limitados de los que disponemos como el suelo, el agua, los materiales, la energía, etc. Todo ello no sólo para mejorar el bienestar ambiental de los ciudadanos, sino también para asegurar la continuidad de desarrollo de su negocio, igualmente dependiente de estos recursos.

Con el fin de lograr un adecuado manejo ambiental durante la ejecución y operación de los proyectos constructivos, es necesario que el equipo encargado de su diseño y ejecución realice un planning exhaustivo previo, identifique los impactos ambientales que puedan generarse durante el desarrollo de los mismos, y defina las medidas a tomar para prevenirlos, mitigarlos, corregirlos y/o compensarlos, dependiendo de las características particulares tanto de las actividades a desarrollar, como del entorno en el que éstos se producen. Cada una de las decisiones que se tomen podrá afectar en mayor o menor medida al medio ambiente, por lo que conviene tener en cuenta las repercusiones de las mismas.


ACTORES DEL PROCESO CONSTRUCTIVO

Todas las personas que, de un modo u otro, intervienen en el proceso constructivo pueden (y deben) contribuir con su labor y su forma de trabajar a un desarrollo sostenible de la obra, a reducir la cantidad de residuos que posteriormente tendrán que gestionarse en la obra y a reducir también, en la medida de lo posible, tanto el consumo energético como el gasto en material y herramientas.

La definición planteada de la Construcción Sostenible como proceso completo y complejo implica que en el mismo existen numerosos agentes identificables cuya actuación puede ser valorada desde el punto de vista de la sostenibilidad. La Construcción Sostenible necesita la implicación de todos los agentes del proceso para que este cumpla su objetivo de obtener productos urbanos eficientes y respetuosos con el Medio Ambiente. Existe la necesidad de trabajar coordinadamente de una manera responsable para conseguir resultados satisfactorios en todos los niveles, imposibles de conseguir de una manera independiente.

1. El Promotor.
Desde el mismo planteamiento de la promoción hay que considerar la necesidad de introducir los elementos y mecanismos necesarios para que el proyecto arranque con unas premisas de reducción de residuos y de optimización de la eficiencia en los consumos energéticos, así como la minimización de emisiones que tendrá el edificio. La labor fundamental del promotor será transmitir esta visión al proyectista y, posteriormente, hacer partícipe al constructor.

2. El Técnico Proyectista
Como punto de partida, hay que trasladar las directrices que el promotor establece para el proyecto, y cuyo objetivo es la minimización de la generación de residuos, facilitando asimismo la reutilización y/o reciclado de los mismos. Como aporte personal del proyectista, hay cuestiones concretas que pueden ser aplicadas a la práctica totalidad de los proyectos.

3. La Administración Pública
Es la encargada de establecer las bases del proceso aportando los criterios básicos a aplicar mediante legislación reguladora a todos los niveles. Además tiene que asumir su responsabilidad como modelo formativo, potenciando las experiencias prácticas y los ejemplos para que puedan ser compartidos por la sociedad en general. Su aportación es fundamental y es perfectamente exigible su implicación y ayuda por parte de todos los agentes intervinientes, incluidos los usuarios.

4. la Dirección de Obra
La dirección de obra, arquitecto y aparejador, es probablemente quien más puede hacer durante el proceso constructivo para minimizar los efectos perjudiciales para el medioambiente, reduciendo paralelamente el coste de la obra (existe un coste directo asociado a la gestión de los residuos generados).

5. El Jefe de Obra
Ha de diseñar/mantener el Plan de Gestión de residuos, donde se definen los medios que se necesitarán para realizar una gestión eficaz, y se recoge el modo de valorizar los residuos de la obra (reutilización, reciclado o entrega a gestor). También es el responsable de transmitir al resto del personal de obra las pautas a seguir.

6. El Encargado de Obra
Quien más y mejor podrá ayudar al Jefe de Obra en su gestión medioambiental es, sin duda, el Encargado de Obra, y será éste quien se asegure de que todos los intervinientes de la obra conozcan sus obligaciones con respecto a la gestión de los residuos que generen. También tendrá que transmitir las órdenes de la Dirección de Obra.
Además, ha de asegurarse de que las subcontratas y personal de obra cumplen con sus obligaciones en este sentido. Con el fin de lograr la necesaria concienciación e implicación de todos los intervinientes, debe hacerles ver las ventajas de una optimización de los recursos empleados y de la reducción de los residuos generados. Se trata de utilizar los materiales de forma racional, evitando roturas o recortes innecesarios, utilización adecuada de las herramientas y equipos, etc.

7. Las Contratas y Subcontratas
Las contratas y subcontratas deben hacerse cargo de los residuos que generan, para lo que se hace necesaria la coordinación de trabajos de forma secuencial, no entrando un oficio a un tajo sin que haya terminado el anterior. De este modo se evita que se mezclen los residuos originados por distintas subcontratas y se facilitará la gestión.
Todas las empresas intervinientes tienen obligación de conocer y cumplir las instrucciones recibidas en materia medioambiental, con el mismo grado de compromiso que con las referidas a las relativas al proceso constructivo propiamente dicho.

8. El Personal de Obra
Del mismo modo que las contratas y subcontratas, han de de conocer y cumplir las instrucciones recibidas en materia medioambiental, especialmente en lo relativo a la gestión de residuos y aprovechamiento del material. También, como en el caso del resto de agentes, resultan interesantes las aportaciones que puedan hacer para la mejora de la gestión de residuos, trasladando al encargado de obra todas las sugerencias de mejora que tengan.
Durante los trabajos de ejecución son los encargados de mantener los residuos separados y retirarlos inmediatamente tras terminar los trabajos, impidiendo que se mezclen diferentes tipos de residuos y evitando que se acumulen, lo que haría más costosa su recogida y gestión posterior. Se pueden utilizar sacos o pequeños contenedores en el tajo para mantenerlos separados hasta llevarlos al contenedor final, lo que debe realizarse en el menor tiempo posible.

Dos interesantes documentos del Instituto de Tecnología de la Construcción de Cataluña (www.itec.es), extensibles a todos los agentes participantes en la obra:

BUENAS PRÁCTICAS AMBIENTALES EN LAS OBRAS DE CONSTRUCCIÓN PARA EL JEFE DE OBRA.
BUENAS PRÁCTICAS AMBIENTALES EN LAS OBRAS DE CONSTRUCCIÓN PARA EL OPERARIO.


PLAN DE GESTIÓN DE RESIDUOS EN LA OBRA

Debido a la variación casi diaria de los procesos que se dan en una obra, puesto que cada tipo de proceso generará un tipo de residuo y en cantidades variables, sólo con una programación y planificación inicial de la gestión de dichos residuos podremos anticiparnos a los mismos y lograr una reducción eficiente. Dicha programación ha de plasmarse en el Plan de Gestión de Residuos que, por otro lado, tiene carácter obligatorio, según el R.D. 105/2008, en su artículo 5.
Se hace necesario establecer un método que permita prever, antes de iniciar la obra, qué procesos serán los que originarán los residuos, y el modo de minimizarlos y gestionarlos, reduciendo el coste económico y medioambiental que llevan implícitos. El citado Plan tendrá una estructura clara y describirá las acciones que han de llevarse a cabo en cada etapa del proceso para conseguir el objetivo marcado (minimización y gestión de los residuos)



LA DEMOLICIÓN SELECTIVA

La demolición selectiva consiste en realizar un proceso de desmantelamiento de una construcción con la finalidad recuperar y aprovechar los materiales con los que estaba construida. El objetivo es que el final de la vida útil de los edificios no conlleve la conversión en residuos de todos aquellos materiales que hicieron posible su edificación. Esto implica una labor de recuperación, para la posterior reutilización y/o reciclaje, de todos aquellos elementos y materiales valorizables de las edificaciones que se derriban. No se trata simplemente de derribar lo construido, sino de retirar de forma planificada los elementos y materiales que pueden ser aprovechados en nuevos procesos o aplicaciones.

Evidentemente, requiere más agentes implicados que en un proceso de derribo convencional, siendo también más complejas las tareas de desmantelamiento. No se pretende, obviamente, el aprovechamiento íntegro de los materiales que, por otro lado, sería irreal, sino que el propósito es conseguir un alto valor de aprovechamiento de los materiales que constituyen la construcción objeto de la demolición, y para ello hay que realizar un proceso de desmontaje gradual y selectivo, donde han de aplicarse técnicas y métodos adecuados y coordinados, sin que descuidemos la viabilidad económica del proceso. Como resultado de esta demolición, habremos evitado la generación de un gran número de residuos, minimizando el impacto medioambiental que va aparejado a un derribo.

CONCLUSIÓN FINAL

El gran cambio del modelo de actuación del sector de la construcción se producirá cuando todos los agentes implicados en el proceso tomen conciencia de que nuevos criterios y tecnologías son viables a nivel económico y práctico y que su aplicación puede contribuir significativamente a la reducción de consumos de los recursos ambientales limitados de los que disponemos como el suelo, el agua, los materiales, la energía, etc. Todo ello no sólo para mejorar el bienestar ambiental de los ciudadanos sino también para asegurar la continuidad de desarrollo de su negocio, igualmente dependiente de estos recursos.

Se trata de realizar una labor de formación y concienciación diaria, siendo imprescindible el convencimiento de que realizar nuestro trabajo diario es perfectamente compatible con el cuidado medioambiental, pero a sabiendas de que, además, nos reporta beneficio económico en tanto en cuanto, evita costes en el proceso. A medida que vayamos ejecutando obras integrando una adecuada gestión medioambiental, iremos comprobando que ahorramos en compras de materiales, mermas, excedentes, en consumos eléctricos, de agua y de combustible, en transporte y gestión de residuos, etc. Esto nos ayudará a comenzar la siguiente obra con un mayor convencimiento de la necesidad de planificarla teniendo en cuenta tanto el proceso constructivo lógico, como los criterios medioambientales que hemos ido consolidando, contribuyendo no sólo a la mejora de nuestro entorno, sino también a la de la cuenta de resultados.

En una próxima entrada veremos que acciones en particular podemos realizar durante el desarrollo de nuestra obra para conseguir todos estos objetivos…

Entrada relacionada:
BUENAS ACCIONES EN LA OBRA  (…y 2)

Fuentes:
CONSTRUIBLE.es
Documento “La Gestión Medioambiental en las Obras de Construcción”, Francisco Javier Valverde



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