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arquitectura y poder

Publicado por - 12/09/2016

Arquitectura del poderA riesgo de apartarme de la naturaleza de este blog, no puedo evitar un comentario sobre la aparición en estos últimos meses de una serie de artículos y programas en algunos medios de comunicación, que sitúan a la Arquitectura poco menos que como la causante de la actual crisis.

Santiago Calatrava y sus obras en la Comunidad Valenciana, la Ciudad de la Cultura en Santiago de Compostela, Torre Cajasol y las “Setas” de la Encarnación en Sevilla, y tantas obras a lo largo del territorio español que han supuesto un desembolso excesivo de dinero público, en algunos casos sin más propósito que el empeño de algunos gobernantes por pasar a la posteridad o por dejarse llevar en esta “corriente de crecimiento” en la que nos vimos inmersos durante los últimos años. Ejemplos de proyectos, sin entrar a valorar su calidad arquitectónica, que podrían suponer injustamente un antes y un después en la percepción de la arquitectura y de los arquitectos por parte de la sociedad.

arquitectura sin límites

Estos despectivamente llamados arquitectos-estrella han respondido a los deseos de los gobernantes de turno, al igual que lo hicieron otros muchos anteriormente, proyectando grandes edificios a imagen de los tiempos en los que se han gestado, sin límite alguno ni material ni económico, y con el único objeto de ser un hito en su gobierno y un buen reclamo para sus ciudades o países, como motor de crecimiento. Y en estos casos, el arquitecto acaba por convertirse en un cómplice más de estos “delirios“.

Evidentemente existe en estas líneas una parte de verdad, pero oculta otra gran realidad: la de los arquitectos que trabajan a diario de forma esforzada para llevar adelante su vocación, su profesión y los deseos de sus modestos clientes. Ahora bien: ¿Quién rechazaría el encargo de un proyecto sin condiciones, sin límites, ni estéticos ni económicos?. Es posiblemente uno de los secretos y no tan secretos deseos de cualquier arquitecto. Pero una vez digerida esta gran oportunidad, es indispensable detenerse a valorar cuales serán las consecuencias de nuestra intervención y, sin descartar todas las estrategias posibles encaminadas a una construcción y un posterior comportamiento sostenible, no perder nunca de vista el concepto último de la sostenibilidad“satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”.

La Arquitectura siempre ha sido un instrumento al servicio del poder, desde el Antiguo Egipto o el Imperio Romano, hasta la ostentación fascista y comunista de mediados del siglo XX. Una vez establecida la democracia en los principales países, y creadas unas condiciones favorables para el crecimiento, la arquitectura volvió a convertirse en una herramienta indiscutible de los dirigentes como vehículo propagandístico. Y muchos de estos edificios se han convertido en obras significativas dentro de la historia de la arquitectura, así como en símbolos y herencias de cada época.

(Un excelente recorrido por diez hitos en la arquitectura contemporánea que han representado diversas ideologías: La arquitectura como arma política).

¿Quién es entonces el responsable último de estos excesos?

¿El arquitecto por no valorar convenientemente el proyecto en su génesis?
¿La empresa constructora por presentar presupuestos muy por debajo de la realidad?
¿El poder político que no ha puesto límites ni obstáculos al diseño y a cualquier aumento de presupuesto?

¿Qué está ocurriendo ahora?

No se construye, la arquitectura pública está en entredicho, entramos en una nueva época que va a requerir un mayor estudio de los recursos disponibles y posibles para la construcción. Y debemos desvincular de este concepto aquellas arquitecturas que, por su desmesurado coste económico, mala gestión o inadmisible impacto ambiental y, a su vez, reflexionar sobre aquellas estrategias que sean coherentes y respetuosas con la situación económica y medioambiental actual.

“Es una gran oportunidad para hacer las cosas mejor, con mayor control presupuestario y mayor atención a las técnicas constructivas y a los materiales. Es el momento de trabajar con mayor eficiencia energética y eficacia”, declara José Yuste, director adjunto de la publicación Arquitectura Viva.


Aprovechando la lectura de un interesante libro, ‘La arquitectura del poder’, escrito por Deyan Sudjic, arquitecto británico y reconocido crítico de arquitectura, podemos entender mejor esta constante y clásica relación entre la Arquitectura y el Poder a lo largo de la historia y en la actualidad, e incluso invita a distanciar convenientemente la figura de estos grandes arquitectos, así como también tratar de entender y justificar su intervención, esencialmente expresiva e interesada. (Es aconsejable tener un google imágenes próximo. Se echan en falta algunas ilustraciones que vayan mostrando las obras que va citando).

“Este libro es una indagación valiente y demoledora de la obsesión arquitectónica de presidentes, primeros ministros, alcaldes, dictadores, magnates y otros personajes poderosos y en el endiosamiento de los arquitectos que se han puesto a su servicio. El resultado es una mirada ácida, rebosante de anécdotas entre bambalinas, sobre la arquitectura convertida en representación del poder y arma propagandística, y una reflexión crítica y polémica sobre las relaciones -interesadas, turbias, tensas-  entre los arquitectos y los poderosos a lo largo del convulso siglo XX, y sobre los excesos de la arquitectura moderna, representada por popes como Le Corbusier, Albert Speer, Philip Jonson, Norman Foster, Frank Gehry, Yung Ho Chang, Arata Isozaki, Reem Koolhaas, Daniel Libeskind…”

(Reseña en contraportada, Ed. Ariel)

En sus páginas se va desgranando la importancia que han tenido los escenarios arquitectónicos en la concepción e imagen del poder; momentos históricos y proyectos urbanísticos y arquitectónicos en los que el autor señala las ansias de los gobernantes por ver espacialmente representada su autoridad; la fascinación de los arquitectos por las arquitecturas de gran tamaño y de diseños “imposibles”; la transformación en algunos casos de la figura del arquitecto en consejero estético y orientador de las megalomanías de los poderosos.

Un recorrido nada aburrido por la relación de grandes gobernantes con la arquitectura y los arquitectos: Sadam Hussein, Adolf Hitler y Albert Speer, Josef Stalin y el Palacio de los Soviets, así como dirigentes democráticos, porque todos los poderosos acaban cayendo en la tentación de ver plasmados en la realidad sus sueños de posteridad. Es en estos capítulos donde aparecen nombres más actuales de la arquitectura como Frank Gehry y el efecto Guggenheim. En algunos casos nos damos cuenta como la vanidad, el dinero y la falta de sentido común pueden llevar a realizar verdaderos disparates y verdadera arquitectura monumental.

La arquitectura es el testigo insobornable de la historia, porque no se puede hablar de un gran edificio sin reconocer en él el testigo de una época, su cultura, su sociedad, sus intenciones…”  Octavio Paz



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